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autoritarismo1
11 May 2016 Read more

La defensa de la integridad emocional frente las provocaciones del autoritarismo

autoritarismo1Es inútil controlar los actos de los demás y difícil hacerlo con los nuestros propios frente ellos, pero la senda correcta es controlar en si mismo la reacción frente a esos trances. Es el factor clave de éxito para vencer las provocaciones del autoritarismo, hostilidades que siempre van en aumento cuanto más inminente sea su desmoronamiento.

Nadie puede hacernos sentir cualquier emoción negativa – el miedo, la ira, el resentimiento- sin nuestro propio consentimiento. Las dictaduras son especialistas de la destrucción moral y emocional de la gente, para ello recluta y recrea individuos ponzoñosos, quienes realizan ese sucio trabajo con el regodeo de las bajas pasiones humanas. Una tiranía tendrá éxito en tanto sus mensajeros de la toxicidad logren su goce perverso volcando sobre los demás la inquina y puedan actuar sobre las emociones de la gente, de modo que sirvan a sus propios fines egoístas de la intolerancia y el autoritarismo.

El que la malquerencia tenga éxito depende exclusivamente de quien la recibe, del cómo reacciona ante la conducta negativa. Hacer frente a la acritud parte del reconocimiento de que el verdadero propósito es el de provocar malestar en el receptor del acto, no de algún hecho o evento, consciente o inocente, de haber causado daño a nadie, quizás se trata de algún problema propio del emisor y tal vez sea mejor la ayuda que el disgusto. Dígase a si mismo “Esto no se trata de mi, no permitiré que se turbe mi paz interior, pues poseo en control mi vida, mis acciones y mis sentires”.

Hay que recrear aquellas habilidades que activen las conductas y los pensamientos que nos permitan defender los derechos de cada quien sin agredir ni ser agredido, es una tarea social en el rescate de la institucionalidad en el país, la de enseñar que la gente tiene derecho a defender sus derechos ante situaciones que a todas luces son injustas, sin hacer uso de la reacción perversa, ni del resentimiento. Con confianza pero sin abuso.

La reconstrucción del país será larga pues no solo ha sido una simple demolición de la base productiva y de las instituciones, es que existe una quiebra moral y cívica de la nación que va más allá de estos últimos diecisiete años de socialismo del siglo XXI, bajo cuya égida se magnificaron todos esos males.

La oportunidad de reinstitucionalización permite colocar un pie en la puerta de la democracia, pero no se abre a si misma como premio de lotería o ganancia de envite. Las oportunidades no deben asumirse como un albur, no es ganar un sorteo que hace rico en un instante; encontrarse con una oportunidad significa que se tendrá que trabajar duro con un plan y con una hoja de ruta de acción.

Cuando hayamos sintonizado la mente para reconocer esa gran posibilidad que tenemos hoy, comprenderemos que implica más un cierto potencial que debe ser aprovechado con una propuesta de reformas institucionales y económicas y con una hoja de ruta de acción política pacífica y activa, que puedan conducir al rescate de los valores cívicos de la gente de Venezuela. Hay que alcanzar el consenso, la reconciliación, la unión y el cambio que aspiran todos los venezolanos.

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VEn_ECUa
15 Sep 2014 Read more

Los fallos del mercado bajo el socialismo del siglo XXI (III)

EXTRACTO.

El Socialismo del Siglo XXI es un modelo inviable, solo se ha podido sostener en Venezuela gracias la capacidad de gasto que gobierno posee. En el mundo aparte de Venezuela se califican como socialistas del siglo XXI, Bolivia y Ecuador, pero en estos últimos, ni se ha recurrido a expropiaciones masivas y tampoco a controles de variables resultados, en otras palabras la sustitución de los mecanismos de mercado no han sido tocados. En definitiva solo hay un país en Socialismo del Siglo XXI: Venezuela.

¿Es posible una experiencia exitosa del socialismo del siglo XXI?

Tres casos tenemos en América Latina: Venezuela, Ecuador y Bolivia. La experiencia de Venezuela se ha mostrado con todas las características de un modelo fallido, si hacemos una comparación con las de Ecuador y de Bolivia, estas últimas, han sido experiencias exitosas. El criterio utilizado para llegar a esta conclusión es el de la estabilidad macroeconómica, entendiendo como tal el comportamiento de las variables las siguientes:

  • Crecimiento del PIB.
  • Inflación.
  • Desempleo.
  • Índice de miseria.
  • Déficit fiscal.

Las variables macroeconómicas clave

Inflación

EV1

http://www.bce.fin.ec/index.php/component/k2/item/315-indice-de-precios-al-consumidor-y-productor-salarios-empleo-y-mercado-laboral

http://www.bcv.org.ve

Crecimiento del PIB

EV2

http://www.worldbank.org/en/publication/global-economic-prospects/data?region=LAC

http://www.bcv.org.ve

Déficit fiscal

EV3

http://www.datosmacro.com/deficit/venezuela

https://www.quandl.com/ODA/VEN_GGXONLB_NGDP-Venezuela-General-Government-Primary-Net-Lending-Borrowing-of-GDP-Billions

Desempleo

EV4

http://www.ine.gov.ve/index.php?option=com_content&view=category&id=103&Itemid=40

http://www.inec.gob.ec/estadisticas/?option=com_content&view=article&id=92&Itemid=57&TB_iframe=true&height=512&width=1242

Índice de miseria

EV5

En todas las variables consideradas para Venezuela, el comportamiento valida un contexto de inestabilidad, con un deterioro abierto desde el año 2007. Las políticas de inamovilidad laboral y de controles de precios, acentuadas desde el año 2007, si las evaluamos por sus resultados, han sido un completo fracaso. El déficit fiscal recurrente, debido a una gasto público sostenido mas allá de la capacidad de generación de ingresos, se ha acompañado de unos niveles de inflación que muestra la inefectividad e ineficiencia en el manejo de las finanzas públicas. Tampoco las expropiaciones han permitido al Gobierno venezolano un impulso de la producción de bienes y servicios, los momentos de crecimiento del PIB parecen guardar mas relación con los precios del petróleo que con el crecimiento productivo de los sectores no tradicionales.

El caso de Ecuador es diferente, la llegada del Presidente Correa y su variante del Socialismo del Siglo XXI, ha mostrado una estabilización y mejoramiento de las variables resultado a nivel de crecimiento, inflación, empleo y miseria. Las finanzas públicas durante ese ciclo han tenido mas momentos de superávit que de déficit fiscal, con unas variaciones y un tamaño que permiten interpretar un buen control fiscal.

¿Cuánta fidelidad muestran los países analizados en términos de consistencia con los postulados básicos del socialismo del siglo XXI?

El Socialismo del Siglo XXI realmente existente

El socialismo del siglo XXI, cuyo máximo exponente teórico es Heinz Dieterich Steffan[1], es una ideología muy próxima de la experiencia del comunismo soviético, tres hechos lo validan:

Primero, un sistema de planificación centralizada en la cual los fallos de coordinación podrían ser resueltos por un sistema apoyado en la informática.

Segundo, un control del aparato productivo a través de expropiaciones y de leyes para el control de variables resultado.

Tercero, la promoción de un sistema comunal.

Es importante la referencia teórica para validar la calidad del modelo del Socialismo del Siglo XXI, pensamos que Venezuela cumple con los postulados fundamentales del modelo, en tanto que Ecuador muestra un contexto mas cercano del marxismo analítico.

Mientras en Venezuela uno observa mas fidelidad hacia los postulados del Socialismo del Siglo XXI, con las regulaciones sobre los precios, sobre el mercado laboral y con las expropiaciones masivas, en Ecuador hay una retórica propia del Socialismo del Siglo XXI, pero una praxis de ejecución de política económica a través del mercado y no de su supresión.

La variante ecuatoriana nos conduce a pensar en la racionalidad de la acción humana, para el Presidente Correa al mercado hay que gobernarlo y no sustituirlo[2], la propiedad privada hay que aceptarla pero democratizarla[3]. La visión tecnocrática del Presidente Correa es mas parecida al discurso del marxismo analítico que al del Socialismo del Siglo XXI.

En definitiva el único experimento del Socialismo del Siglo XXI es el de Venezuela, y solo ha sido posible sostenerlo gracias a la renta petrolera, la cual desde el 2008 es insuficiente.

[1] En el enlace siguiente: http://www.rebelion.org/docs/121968.pdf, puede descargar el libro “Socialismo del Siglo XXI de Heinz Dieterich Steffan.

[2] http://www.avn.info.ve/contenido/correa-resalta-importancia-integraci%C3%B3n-latinoamericana-para-lograr-definitiva-independenci

[3] http://www.presidencia.gob.ec/wp-content/uploads/downloads/2014/02/2010-03-01-CONFERENCIA-EN-LA-UNIVERSIDAD-DE-MONTEVIDEO-F.doc

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Fallo_MercII
07 Sep 2014 Read more

Los fallos del mercado bajo el socialismo del siglo XXI (II)

Extracto

Definitivamente bajo el socialismo del siglo XXI los fallos de la economía de mercado se transforman en fallos de mercados paralelos. Las regulaciones y la gestión pública formulada ignorando la capacidad de respuesta del mercado, no solo acrecientan los fallos del mercado sino que dan origen a otros fallos propios de las regulaciones, tanto o mas graves que los propios problemas que pretende corregir. Se recrea todo un síndrome donde cada regulación da origen a otra mas intensa con mayor costo y destrucción de valor social.

La provisión de bienes públicos.

Continuando con los fallos del mercado en la economía, esta vez mas cerca de la verdadera finalidad de la acción pública: la provisión de bienes públicos que el libre mercado no proporciona, que por omisión no crea y que no atiende. Así nos proponemos a comentar sobre los aspectos cruciales de la producción de bienes públicos. Recordemos que el criterio relativamente universal sobre las regulaciones, es que la gestión pública debe hacerse a través del mercado, evaluando conjeturalmente los fallos del mercado contra los efectos colaterales de la regulación, no como superposición o supresión del mercado. Un argumento a favor de las regulaciones es el de la insuficiente o nula producción de bienes públicos en la economía de mercado. Bajo el socialismo del siglo XXI el gobierno no solo pretende asumir y regular la producción de bienes públicos sino que además supone que se puede ocupar también la producción de bienes privados. Todo conduce a una situación de pérdida de competitividad para la producción de bienes transables y un deterioro general de la infraestructura, de los servicios públicos y de la producción de bienes no transables. Los fallos en la producción de bienes públicos se pueden manifestar de variadas maneras, verbi gratia:

  • Congestionamiento a nivel de los servicios públicos: colas en autopistas puertos, hasta para el pago de los mismos servicios públicos.
  • Fallos en el suministro y transmisión eléctrica.
  • Deterioro del sistema de salud pública.
  • Déficits de seguridad ciudadana para garantizar la integridad física, biológica o moral de las personas.
  • Falta de resguardo de los bienes intelectuales, de los recursos naturales, del desarrollo energético.
  • Débil acceso a la cultura.
  • Agotamiento del capital social transfiriendo los males públicos a las generaciones futuras.

Los costos de transacción, mercados negros y regulaciones.

Bajo el socialismo la retórica inflamada hace pensar que el centro de atención es lo social, el discurso es esencialmente político e ideológico, sin contenido económico. Como en los otros fallos del mercado, el socialismo no resuelve los problemas mas bien los agudiza. Los efectos de las exageradas regulaciones bajo el socialismo, comprometen el funcionamiento del mercado, lo hacen inmune a la misma acción gubernamental con el surgimiento por doquier de mercados negros, donde los fallos del mercado se hacen extremos e insostenibles. La ingeniería social que implica el socialismo, es como una máquina de movimiento perpetuo, induce tras cada regulación otra adicional para asegurar su control y así sucesivamente, la sociedad acumula costos de transacción sin ningún valor agregado. Es el síndrome del adicto, toda vez que se crea una norma regulatoria, surge la necesidad de otra mas intensa para compensar la inmunización de los males públicos al intervencionismo.

Déficit fiscal y emisión inorgánica de dinero.

El socialismo del siglo XXI bajo un sistema de validación electoral se somete a una permanente presión mediática, pues debe hacer en cada ciclo electoral, una oferta superior a la anterior, igualmente tiene que mostrar algún logro de impacto inmediato y por ello recurre al déficit fiscal con emisión inorgánica de dinero. El dispendio público hace difusa la responsabilidad gubernamental en la propagación de inestabilidad económica, la cual endosa a campañas y acciones de quienes no comparten ideológicamente su modelo. Bajo la permanente beligerancia el sistema social se polariza y hace prácticamente imposible un entorno favorable a la creación de valor. Este mal público recrea la postración social por pérdida de esperanza en el futuro. Es el fallo regulatorio en el que se encuentra el origen de los balseros que huyen de Cuba, en la fuga de talento humano, en la pérdida del relevo generacional con mayor impacto sobre el futuro de un país.

Igualación en la subsistencia y desigualdad en los ingresos.

Al margen de cualquier consideración ideológica, no hay en el momento ningún desarrollo tecnológico que permita la armonía y sincronización del mercado en la coordinación de las preferencias de los demandantes y de los oferentes. El modelo soviético demostró como la planificación central es incapaz de asegurar una eficiente asignación de recursos, de su distribución y de la satisfacción de las necesidades de la sociedad. El socialismo marxista con todo su poder sin límites solo recrea mercados negros con toda su secuela de escasez y desigual distribución de ingresos. La falacia mayor del socialismo es suponer que la retórica inflamada a favor de los pobres les reivindica, por supuesto la sociedad se hace mas igualitaria en un punto de subsistencia muy cercano de la miseria. Mientras casi toda la sociedad se iguala hacia abajo, una “nomenklatura” social en el poder vive en la ostentación sin límites que no gerencia productividad sino dádivas.

Inversión del comportamiento “free rider”.

La lucha contra la corrupción bajo el socialismo del siglo XXI genera una inversión del efecto “free rider”. A nivel conductual el corrupto de oficio no se amilana ante nuevas regulaciones, por el contrario son una fuente adicional de renta, el costo de búsqueda y espera en colas aumenta la demanda de servicio de gestoría ante las nuevas regulaciones. Los oferentes de gestoría con mayor poder de monopolio disfrutan de un excedente que se arrebata al ciudadano sin mejora de los servicios públicos. Si definimos la corrupción como una parte de los males comunes generados por las regulaciones, la punición prevista en la norma, ya forma parte del mal público por lo que no suma costos para corrupto, en tanto que aumenta la demanda de sus servicios. Las normas regulatorias no disuaden a los que participan en gestorías o se aprovechan de su poder, sin embargo, recrean un incentivo perverso para el funcionario público honesto y para el verdadero ciudadano, los cuales ante un marco legal donde cualquier acto puede constituirse en delito, difieren y retrasan sus decisiones por temor. Los pocos dispuestos a trabajar honestamente viven abrumados por tres razones:

  • Por la presión que genera el temor de una sanción.
  • Por el riesgo de su reputación e imagen personal.
  • Por que deben realizar el trabajo que los demás no hacen.


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La historia
31 Aug 2014 Read more

Un relato mal contado entre la IV y V República

Era el año 1968 y creíamos haber tocado el fondo, había muchas razones para la esperanza, se logró tanto en nuestras universidades, en medio de un mundo que se juzgaba y juzgábamos injusto y cruel. Los tiempos idos parecían mejor, al igual que quienes vivieron en conciencia la época de la dictadura de Pérez Jiménez, ellos también pensaron que ese era el peor de los mundos. Y cada vez la rueca daba un giro, en 1973 como funcionario del Ministerio de Hacienda sentía el contraste de un país inmensamente rico, en aquel diciembre, abriéndome paso entre un fardo de obsequios que recibían los funcionarios de aduana, llegaba al pasillo solitario del despacho de la Dirección de Investigaciones Económicas, entre falsos e igualmente inexistentes logros expresados en buena retórica, donde iban y venían los proventos del erario público.

En aquellas oficinas pude sentir las palabras, como si fuera hoy de un maestro, el Doctor Edgar Sanabria, sentencias que la juventud no me permitía comprender: “Después del Gobierno de Isaías Medina, el pecado original de la naciente democracia marcará el futuro del país”, algo me dejó esta vida en un país donde el “cada vez mas de lo mismo”, deteriora mas la institucionalidad, la moral y la idiosincrasia del venezolano. Cada Mesías, cuan mas populista que el anterior, ofrece soberanía y desarrollo y cada vez creyendo que estamos al final de una travesía, comienza otra peor, donde siempre se añora un pasado, un pasado responsable de la tragedia que hoy nos abruma. Lo mal nacido de golpes y con golpes ha sido un suicidio político en este país.

Mientras las grandes civilizaciones desde el comienzo de la historia han estado signadas por su propia gente, por sus actos y albedrío en pos de una visión de país, el nuestro sigue atado a héroes, intentando reproducir el glorioso pasado, de un relato mal contado.

Hay una convergencia desde las “buenas intenciones” socialistas en una suerte de bipolaridad en la cual por un lado va la retórica y por otro van los hechos de un aprovechamiento de cada oportunidad que se ofrezca para apropiarse de la renta petrolera. El otro lado la misma convergencia, esa bipolaridad de la cultura venezolana “buena gente y solidaria”, también declarativa, y conjuntamente los hechos de un aprovechamiento de cuanta oportunidad que se ofrezca para apropiarse de la renta petrolera. Ambos lados confluyen y crean una fuerza dilapidadora jamás vista, pues ocurre en el país de las mayores reservas de petróleo.

Las coartadas, las asesorías, las comisiones por un trabajo que no se siente y que bien vale la pena pues se hace por la patria, es en fin la banalización de la moral. Se ha creado un entramado legal donde es técnicamente inevitable estar incurso en alguna violación de la ley, reglamentos o providencias, lo cual deja abierta la oportunidad para la discrecionalidad en la justicia. La justicia, no es ciega ni imparcial, es política.

Desde estas líneas quisiera rendir homenaje al Dr. Edgar Sanabria quien en su condición de Presidente de Venezuela para 1958 sancionó la Ley de Universidades restableciendo la autonomía universitaria y la inviolabilidad de sus recintos por ningún organismo de seguridad del estado.


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Petrol
26 Jun 2014 Read more

Petróleo venezolano: una renta que jamás se sembró

Extracto.

Para el año 1936 dos grandes pensadores venezolanos Alberto Adriani Mazzei y Arturo Uslar Pietri, esbozaron lo que mas tarde en 1961 se denominó “Enfermedad Holandesa” y también la vía para evitarla: “Sembrar el petróleo”, de todo ha ocurrido en el país, ante todo ocurrencias caudillistas, pero con excepción del Gobierno de Isaías Medina Angarita, no se ha sembrado nada, solo se ha dilapidado la renta petrolera en el sostenimiento de un burdo populismo electorero devorador de prosperidad y propagador de la pereza social. Read more

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IM
26 Jun 2014 Read more

El índice de miseria de Venezuela II (Comentarios del Profesor Frank Oswaldo López)

Extracto

Los países no llegan a las dictaduras, ni por la destrucción de su aparato económico, ni por sus grandes déficits sociales, sino por la destrucción de su aparato político institucional o por sus grandes déficits de institucionalidad democrática.

Estimado Francisco:

Te saludo en la oportunidad de hacerte llegar mis consideraciones sobre tus reflexiones relativas al Índice de Miseria en Venezuela.

  1. Lo primero que observo es que en Venezuela, tanto el Índice de Miseria de Arthur Okun, calculado mediante la inflación y el desempleo, como el de Steve Hanke, donde se incluyen además la tasa de interés y la variación per-cápita del PIB, en ambos casos el comportamiento de la hipótesis del cambio asociado a este índice queda falsada. Ello si consideramos que, en ambos índices, de los 15 casos estudiados (desde 1950 hasta 2013), ésta es falsada en el 60% de los casos. Tal como puede apreciarse en los gráficos N°1 y N°2 que verás a continuación.

Gráfico N° 1

FL1

Gráfico N° 2

FL2

  1. Si consideramos que los países donde se ha validado esta hipótesis corresponden a sociedades altamente institucionalizadas (con una institucionalidad democrática consolidada), tendríamos que concluir que la hipótesis sólo estudia la incidencia del bienestar económico en la alternabilidad democrática dentro de una sociedad democráticamente institucionalizada. Y no en las sociedades desinstitucionalizadas como la nuestra, donde tu pretendes validarla.
  2. De modo que la hipótesis de que el bienestar económico es una variable que incide sobre la alternabilidad democrática, no parece validarse en las sociedades desinstitucionalizadas o con altísimos déficits de institucionalidad democrática, ya que – sin duda por los indicadores que componen el índice- éste no incide en modo alguno sobre el cambio de los modelos políticos; esto es: incide sobre el cambio de gobiernos dentro de un mismo sistema democrático, pero no sobre el cambio de un sistema dictatorial hacía, por ejemplo, uno democrático.
  3. Lo que este estudio parece corroborar es que el aspecto más sólido de un sistema político no es precisamente las variables económicas sino las variables institucionales: la infraestructura institucional y no la infraestructura económica.
  4. Lo anterior reafirma la tesis que yo he venido sosteniendo a este respecto, según la cual: los países no llegan a las dictaduras, ni por la destrucción de su aparato económico, ni por sus grandes déficits sociales, sino por la destrucción de su aparato político institucional o por sus grandes déficits de institucionalidad democrática.
  5. Es lógico pensar que en los países donde la institucionalidad democrática es sólida, consolidada o con pocos déficits, la caída del bienestar económico (que pretende medir el índice de miseria) activa la voluntad de cambio del soberano, la cual es canalizada -a través del marco de regulación democrática- hacia las vías electorales como vías legales y legítimas de alternancia pacífica del poder y de renovación de la esperanza ciudadana. Por lo que, formalmente hablando, el índice de miseria (y) y el cambio político democrático (x) se expresan de manera funcional, al modo: y=f(x).
  6. Sin embargo en los países donde ha sido destruido la institucionalidad democrática o donde se registran altísimos déficits de institucionalidad democrática (como Venezuela), la caída del bienestar económico o el incremento del índice de miseria, al activar la voluntad de cambio del soberano sin cauces institucionales, la reacción popular se expresa efectivamente como tú lo percibes, como una anarquía (o como una anomia social). Aunque una anomia que tiene, a mi juicio, un patrón de comportamiento: a modo de “convulsiones sociales de naturaleza epilépticas”, parecido a los cuerpos flácidos que son sometidos a descargas eléctricas aleatorias: convulsionan por la reacción de los picos y son sometidos a progresivos niveles de represión que los fuerzan a absorber los impactos y a normalizarlos en un nivel superior de conflicto, y van repitiendo tal patrón de comportamiento social hasta que los niveles de represión terminan chocando contra la violación masiva de unos derechos humanos que se sostienen en los límites éticos nacionales e internacionales de la actuación de los estados no inviables ni forajidos.
  7. Por estas razones, yo sostengo que la perspectiva economicista que ha colonizado el pensamiento político – al igual que la perspectiva tecnocrática- forma parte de la antipolítica, ya que, este pensamiento, al sobrevalorar lo económico (o lo técnico), ha vaciado el discurso político de su contenido propiamente político, de su mirada institucional, para colocar en su lugar el puro contenido económico o técnico. Lo cual ha resultado fatal para la praxis política, en la medida en que nos fuerza a apartar la mirada del ámbito institucional, donde la democracia se juega la vida, y a colocar la preocupación en los problemas meramente económicos o técnicos. Y la verdad es que, si los formadores de opinión crearan en el soberano la misma preocupación por el deterior institucional que le han creado por el deterioro económico, la destrucción de la democracia sería una tarea mucho más difícil de la que hoy resulta.
  8. Por eso urge devolverle al pensamiento político su contenido político, que se centra en lo institucional, única forma de fortalecer nuestra institucionalidad democrática y contrarrestar las fuerzas entrópicas que nos empujan permanentemente hacia la dictadura. Porque de lo contrario, hasta con las soluciones políticas que pensamos, nos vamos precipitando aceleradamente hacia el despeñadero de la dictadura.

Mis saludos y mi aprecio.

Frank López

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